Recibe CDHDF quejas violatorias a los derechos de menores de edad

Foto: Fuentes Fidedignas

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La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) recibió, entre enero de 2011 y junio de 2013, mil 93 quejas presuntamente violatorias de los derechos de personas menores de 18 años que involucran a mil 428 niñas (45%) y niños (55%).

De acuerdo con el Secretario para la Promoción de los Derechos Humanos e Incidencia en Políticas Públicas de la CDHDF, Gerardo Sauri Suárez, las quejas no reflejan todos los niveles de violencia que sucede en la ciudad, pero sí hablan de la pertinencia de adoptar un enfoque que encuentre cómo resolver la diferencia de la violencia entre hombre y mujeres.

En la presentación del cuadernillo Una estrategia para trabajar con niños y niñas excluidos y familias afectadas por la violencia en el hogar, editado por la Coalición, Safe Families-Safe Children, advirtió también sobre el cambio de patrones de conducta y de los roles sociales entre niñas y niños.

“Lo que nos está formando la nueva parafernalia mercadológica comercial en los medios de comunicación, es que no son los niños los que se tienen que parecer a las niñas, eso es mal visto, sino que son las niñas y las mujeres las que tienen que ser tan altamente mortales, nocivas, dañinas y cargar AK47, saber colocar bombas y ser expertas en artes marciales, porque eso es lo que las dignifica como mujeres”, insistió.

Con base en lo anterior, dijo que “Estamos obligando a masculinizar la violencia de las mujeres, cuando deberíamos de promover la paz”. Y por ello, agregó Sauri Suárez, la CDHDF acompaña la presentación del cuadernillo: “Porque los tomadores de decisiones deben aprovechar este tipo de herramientas como modelos a replicar en entornos cargados de violencia”.

Celebró que el exitoso proceso y de la estrategia de las que forma parte la Fundación Junto con las Niñas y los Niños, A.C. (JUCONI) en México, ya que considera que niñas y niños son expertos en su propio proceso y le exhortó a continuar con una apropiación de los procesos por parte de los niños, pero además como entes transformadores de sus entornos, de cómo afectan a sus familias, a su escuela y de sus comunidades: “Es muy importante para potenciar su participación para que desde su experiencia opinen sobre las políticas públicas que el Estado debe atender”.

Y es que, explicó, un enfoque de derechos humanos refiere la seguridad humana como un proceso en el que en una comunidad, familia o sociedad deben construir ambientes libres de violencia que garanticen condiciones para que todos los derechos de las niñas y los niños puedan ser ejercidos, y donde el Estado tiene la obligación constitucional de evaluar el impacto de las políticas públicas que impactan la estructura psicoemocional de niñas y niños.

Concluyó Sauri Suárez: “Los niños y sus familias violentas no crecen como átomos aislados, sino en comunidades violentas, cuyas interacciones con la sociedad en general se rigen por quienes consideran que la violencia es un método para reducir la violencia, afectando los marcos de políticas pública y legislativa”.

En tanto, la Directora General de la Fundación JUCONI, Alison Lane,  dijo que las familias de las personas más excluidas crecieron con relaciones violentas que dañan el desarrollo del cerebro en niñas y niños, tergiversan la capacidad del adulto para funcionar adecuadamente y ejercer comportamientos para llevar una vida plena y participativa en su comunidad y sociedad.

“Las niñas y niños con las que trabajamos llevan una relación sumamente violenta y nociva con sus familias, lo que daña su capacidad para portarse adecuadamente ante situaciones particulares, lo que conlleva a los resultados posteriores para su vida”, explicó.

Dijo también que a diferencia de un bebé, niño o niña que crece en una familia en la que los adultos tienen sus intereses en mente, además de las habilidades para ayudar a su desarrollo, en las familias en las que las cosas se manejan ‘a gritos y sombrerazos’, un niño tiene altas probabilidades para no desarrollar conductas sociales adecuadas y sí en cambio dificultades para demostrar sus emociones.

“Es el niño que cuando entra al preescolar, que es la primera prueba social más grande en la vida, es demasiado tímido, ansioso o nervioso, atento a ver de dónde va a venir el riesgo, de quién se va a cuidar; que está alerta y no puede poner atención a la maestra, ni llevarse bien con sus compañeros: Y ahí entonces empieza la exclusión”, advirtió.

El integrante de la Academia Nacional de Neurología, A.C., José Eduardo San Esteban Sosa, dijo que el cerebro es el responsable de cualquier conducta humana, incluida la de los niños e incluida la conducta violenta, que sí tiene que ver con el cerebro de cada persona.

Y explicó: “Ser impulsivo quiere decir no tener control sobre las emociones y tener actos que responden a esto. Ser agresivo, que no necesariamente es malo, pero el sujeto se puede volver violento”.

Pero ¿Qué, de todo esto es delincuencia?, cuestionó: “Los niños son muy impulsivos, les cuesta trabajo en su desarrollo ir controlando sus impulsos, pero al menos 10% no lo hace bien, puede estar afectado por el Trastorno por Déficit de Atención con Impulsividad e Hiperactividad, que es hereditario. Estos chicos no controlan sus impulsos, les cuesta mucho trabajo: llegan a la escuela y pegan de trancazos; se enojan  avientan cosas por la ventana, patean la pared, hacen berrinches terribles; pelean a gritos con la maestra y los corren de las escuelas. Así nacieron: su cerebro está armado así, porque el de sus padres también está armado así. Él no es un niño agresivo, es un niño impulsivo mal controlado”.

Por su parte, el investigador del Instituto Nacional de Psiquiatría, Rafael Gutiérrez Benjamín, se refirió a los datos sobre niños en situación de exclusión social, por su condición de niños-trabajadores, que suman más de 3 millones de entre 15 y 17 años de edad, en condiciones desfavorables para su salud, seguridad y desarrollo con jornadas de trabajo largas, discriminación, aislamiento de su familia, riesgos por el manejo de materiales peligrosos, abuso físico y sexual y embarazo precoz.

Agregó que, de acuerdo a una Encuesta realizada en 2007 por el DIF Nacional y el UNICEF, la cual no fue publicada, de casi 20 mil niñas y niños, mil 806 reportaron consumo de sustancias, principalmente quienes viven en la calle, seguidos de los que viven en las mismas bodegas en las que trabajan.

De las y los adolescentes expuestos al consumo de drogas, agregó, 17% reportó maltrato verbal, 17% maltrato físico, 42% abuso y acoso sexual, 28% trato indiferente, 25% recibió ofrecimientos para desnudarse.

La Presidenta de la Asociación Mexicana de Terapia Familiar, A.C., Emma Espejel Arco, dijo que el enfoque del diagnóstico de la enfermedad mental individual no tiene cabida en un mundo globalizado, donde es frecuente observar a familias, poblaciones y grupos que viven en situaciones de pobreza extrema, violencia intrafamiliar y exclusión de la sociedad.

“Nuestro enfoque no es ya más de diagnóstico, en relación a criterios normalizantes, sino de comprensión de las situaciones con una mirada humanística y de valoración de las capacidades, recursos y resiliencias de los grupos con los que trabaja, en este caso JUCONI: sabemos que todas nuestras familias, aún en las condiciones más difíciles, tienen elementos de resiliencia”.

 

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